La inflación bajó al 1,7% en agosto y alcanzó el registro mensual más bajo de los últimos 14 meses, pero en la City empiezan a aparecer dudas sobre la posibilidad de que el proceso de desinflación pueda profundizarse durante los próximos meses. Banco Comafi advirtió que varios de los factores que explicaron la mejora son transitorios y proyectó que el índice volverá hacia la zona del 2%.
El dato que genera mayor cautela es la inflación núcleo. Mientras el nivel general desaceleró desde el 2,1% de julio hasta el 1,7% de agosto, el componente que excluye precios regulados y estacionales se mantuvo en 1,8% por segundo mes consecutivo. De esa manera, la núcleo se resiste a perforar ese nivel y mostró que detrás de la mejora del índice general todavía existe una mayor persistencia de los precios.
El comportamiento incluso resultó peor que el esperado por el mercado. El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central había proyectado una inflación núcleo de 1,7% para agosto, mientras que el grupo de los diez analistas que mejor pronosticaron esa variable esperaba apenas 1,6%. El resultado finalmente quedó una y dos décimas por encima, respectivamente.
Para Comafi, el 1,7% de agosto difícilmente constituya un nuevo piso. El banco proyecta “un rebote hacia el 2,0%” en los próximos meses, a medida que comiencen a revertirse algunos de los factores que permitieron la desaceleración de agosto.
Uno de ellos fueron los precios estacionales, que cayeron 0,9% durante el mes y tuvieron una incidencia decisiva sobre el IPC. Comafi también pone el foco en el comportamiento de la carne, cuyos precios permanecieron relativamente contenidos pero suelen ingresar en una etapa de mayor presión entre octubre y febrero. Por eso, el banco considera que la inflación podría regresar a la zona de 1,9%-2% e incluso superar transitoriamente ese umbral.
La advertencia contrasta con una parte importante de las expectativas que maneja actualmente la City. El último REM proyectó 1,8% para septiembre, 1,7% para octubre, 1,6% para noviembre y nuevamente 1,8% para diciembre. Es decir, el consenso espera que la inflación permanezca por debajo del 2% durante todo lo que resta del año.
En Comafi consideran demasiado optimista esa trayectoria. La discusión no pasa tanto por cuestionar la continuidad del proceso de desinflación como por determinar cuál será el piso que podrá alcanzar la inflación mensual. El comportamiento de la núcleo aparece como una de las principales señales de resistencia: después de alcanzar 1,8% en julio, volvió a repetir exactamente ese registro en agosto.
La cautela no se limita a Comafi. BBVA Research también destacó que la núcleo permaneció en 1,8% y señaló que esa estabilidad refleja una resistencia a la baja pese a la desaceleración del índice general. Además, mantuvo su proyección de inflación anual de 29% pero incorporó un “leve sesgo al alza” para lo que resta del año. Sin embargo, es más optimista que Comafi en el corto plazo: proyecta 1,6% para septiembre y un promedio mensual cercano a 1,55% durante los últimos meses de 2026.
La composición del IPC explica buena parte de las diferencias. Los regulados aumentaron 2,2% en agosto, mientras que los estacionales retrocedieron 0,9%, después de haber aumentado 4,5% en julio. Esa reversión permitió que el índice general bajara cuatro décimas en apenas un mes sin que se produjera una desaceleración equivalente de la inflación subyacente.
Incluso el dato de la Ciudad de Buenos Aires había dejado una señal similar antes de conocerse el IPC nacional. La inflación porteña también fue de 1,7% en agosto, pero su componente núcleo alcanzó 2,1%, reforzando la lectura de que las presiones más persistentes avanzan a una velocidad superior a la que muestra el índice general.
La discusión cobra relevancia porque las expectativas financieras incorporaron rápidamente un escenario de inflación estabilizada por debajo del 2%. Para Comafi, en cambio, agosto puede haber mostrado más un mínimo transitorio que el comienzo de una nueva etapa de desaceleración.
El interrogante será qué ocurre cuando desaparezca el aporte negativo de los estacionales y empiecen a jugar en sentido contrario algunos alimentos. Si la núcleo continúa sin perforar el 1,8% y la carne comienza su período estacional de aumentos, el 1,7% de agosto podría quedar como una excepción y no como el nuevo techo de la inflación argentina.
