‘La política de los electrodomésticos’

Telam SE

La política de los electrodomésticos

No es fácil no tentarse con tanta oferta. Y no hablo de la política. Hablo de las vidrieras de las casas de electrodomésticos. Y eso no es nada: hay muchas más ofertas por internet. Te llegan por mail, por Whatsapp, incluso al tablero del auto, si es que tiene un chip. Alguna oferta de electrodoméstico te va a llegar.

Yo creo, además, que con tanta oferta no es fácil distinguir cuál es más necesario que otro. Y no hablo de los políticos. Eso es más fácil de distinguir. Pero con los aparatos, no tanto, porque lo que es útil para uno, es inservible para otro. Ejemplo: el secador de pelo. En mi caso lo podría utilizar para… regalarlo. Como a algunos políticos, obviamente.

Y en un momento te das cuenta de que lo compraste lo hiciste realmente llevado por los más bajos instintos consumistas como me pasó a mi con la juguera. Te la comprás, y lo único que hacés son jugos: tres días seguidos tomando jugos, de naranja, de manzana, de zanahoria, de apio, de radicheta, ¡hasta jugo de chinchulines o de mondongo a la española! Al cuarto día, podrido de tener que lavar, pelar, lavar, pelar, – y de vivir en el baño -, la juguera volvió a la caja y ahora se utiliza para evitar que a una de las puertas las cierre la corriente de viento. Y cada vez que la ves, al pasar, te arrepentís. Como con el voto a un político.

Uno de los electrodomésticos más vendidos en la Argentina últimamente es “la fábrica de pan”, o también llamado “horno de pan”, o también conocido como “me pudrí de que me roben con el precio del pan lactal”. Y la gente se vuelca a hacer pan casero, y después se quejan de que han engordado mucho, porque, claramente, no se vendieron la misma cantidad de aparatos de gimnasia que de panificadoras.

Curioso: La bicicleta fija, ¿es un electrodoméstico? ¿Es un doméstico No eléctrico? ¿O como en mi caso, es algo para decorar?

Pero hay gente que se deja llevar. Por los políticos. Y por los electrodomésticos. Es tanta la oferta que te llega que el otro día estaba comprando calzoncillos, y entró un tipo que al momento de pagar le pidió “la garantía extendida por dos años”.

Yo creo que, incluso para solucionar el problema habitacional, las casas de electrodomésticos deberían alquilarse por noche, como los hoteles. Entonces, vos, que querés todo, pero que no lo podés pagar ni con el “Ahora 156”, pasás una noche en medio de lavarropas, cafeteras y hasta cajas registradoras. Y aunque muchos no lo reconozcan, – reconozcamos, – no hay nada como “el olor a nuevo”. Esa mezcla de aromas ácidos de químicos que conforman los plásticos, con el dulzor del telgopor del embalaje que marida tan bien con la fragancia del cartón recién cortado.

Lo único que separa a mucha gente de comprarse todos los electrodomésticos es el límite de la tarjeta. Y el espacio de la baulera. Y algunas políticas económicas.


Ojo: es peligroso acumular o ser adicto a los electrodomésticos. Porque te podés confundir el uso. No es lo mismo la minipimer que el juguetito sexual. Ni la batidora manual. Ni hablar de la planchita para el pelo, si de cosas calientes hablamos, usada por equivocación en otra zona corporal.

El otro problema de los adictos a los electrodomésticos es que, en general, las instalaciones eléctricas de los hogares no están preparadas para tanto enchufe. Hay casas  que si ponen una zapatilla eléctrica o un triple más, viene la OTAN y te declara zona de peligro nuclear.

Para colmo vienen cada más sofisticados. Los electrodomésticos, no los políticos. Ahora hay aparatos que hacen las cosas solos: ni siquiera tenés que pasar la aspiradora. Se pasa sola. Es un robot. Como muchos políticos. Y eso hace que la gente, supuestamente, tenga más tiempo para pasársela paveando en la compu, el celu, o los más reacios a la tecnología, viendo cómo da vuelta la ropa en el lavarropas.

Si hasta hay una grieta con los electrodomésticos: está la línea blanca, y la línea marrón. Lo bueno: no hay terraplanismo.
Pero no es bueno ser un adicto. Y menos a los electrodomésticos. Porque llega un punto que escuchás un pip y no sabés si el celular, el email, el microondas, la cafetera, el horno del pan, la tostadora, o tu marcapasos que se quedó sin pilas

Pero cuidado, que cada vez aparecen ofertas más tentadoras y aparatos nuevos que ofrecen la felicidad. Tenga mucho cuidado con lo que compra. Porque por más que prometan, algunos vienen sin garantía. Y no. No hablo de los electrodomésticos.

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