El Gobierno comenzó a utilizar al Banco Nación como una herramienta para intervenir sobre las tasas de interés y descomprimir el costo del financiamiento, en medio de las señales de alarma por el estancamiento de la actividad y el aumento de la morosidad. La estrategia se combinó con una mayor tolerancia sobre el dólar y un fuerte recorte en el ritmo de acumulación de reservas del Banco Central.
La maniobra fue detectada por la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia, que vinculó el fuerte descenso de las tasas de los últimos días con un movimiento de liquidez del Tesoro y una participación más agresiva del Nación en el mercado de cauciones. El informe interpreta los movimientos como una señal de que la estabilidad cambiaria dejó de funcionar como el único objetivo de corto plazo del equipo económico.
El problema comenzó con la desaceleración de las compras de dólares del Banco Central. El BCRA había adquirido un promedio de USD 100 millones diarios durante julio, pero ese ritmo cayó a apenas USD 30 millones en agosto. Como cada dólar comprado supone la emisión de pesos, la expansión monetaria generada por las intervenciones cambiarias pasó de $3,2 billones en julio a menos de $1 billón en agosto.
La consecuencia fue una plaza cada vez más seca. Con menos pesos disponibles, la caución, que había promediado una tasa nominal anual de 20,5% en julio, llegó al 28% el 20 de agosto. El encarecimiento se trasladó rápidamente a la economía real: los adelantos en cuenta corriente utilizados por las empresas saltaron desde la zona del 25% hasta el 33%.
“En un contexto de demanda interna estancada, la suba del costo de financiamiento, casi inevitablemente, traería consigo una caída del crédito, golpeando el nivel de actividad”, advirtió el Banco Provincia.
Es en ese punto donde aparece el Banco Nación. El 19 de agosto, el Tesoro le canjeó al Banco Central $1,4 billones en LECAP y obtuvo pesos a cambio. Provincia no puede determinar en qué entidad quedaron depositados esos fondos porque la información oficial no está desagregada por jurisdicción, pero detectó una señal contundente: ese mismo día los depósitos del sector público en los bancos aumentaron $2,3 billones y alcanzaron el máximo del año.
El informe considera que esa liquidez “presumiblemente” terminó en el Banco Nación. Lo que ocurrió inmediatamente después refuerza la hipótesis: desde esa jornada, la entidad pública comenzó a mostrarse mucho más activa en el mercado monetario, ofreciendo cauciones a tasas inferiores a las del resto de los jugadores.
La intervención tuvo resultados rápidos. La caución retrocedió hacia el 22%, mientras que los adelantos en cuenta corriente bajaron desde 33% hasta aproximadamente 28%. En los hechos, el Gobierno utilizó liquidez del sector público y la capacidad financiera del principal banco estatal para empujar hacia abajo el precio del dinero sin modificar formalmente el esquema monetario.
Esa estrategia tuvo una segunda pata. Caputo también parece haber aceptado sacrificar parte del ritmo de acumulación de reservas para bajar las tasas. Durante las semanas anteriores, Economía había concentrado sus esfuerzos en contener al dólar, una política que contribuía a mantener seca la plaza de pesos. Cuando las tasas comenzaron a escalar y la caución llegó incluso a tocar el 37,5% en algunas ruedas, el Gobierno flexibilizó esa postura y permitió un mayor movimiento del tipo de cambio.
Vladimir Werning, Darío Wasserman y Santiago Bausili
El dólar mayorista, que durante semanas había encontrado un techo informal alrededor de los $1.500, llegó hasta $1.535. A cambio, las condiciones monetarias se relajaron rápidamente y la caución a un día terminó retrocediendo hasta 20,7%, mientras la LECAP a 30 días y la TAMAR quedaron en torno al 25%.
La contracara apareció en las reservas. Según GMA Capital, el promedio de compras de divisas del BCRA cayó de USD 93 millones diarios en julio a apenas USD 35,6 millones durante agosto. La consultora interpreta que no hubo un cambio de objetivos, sino una administración más pragmática del equilibrio entre dólar, tasas y reservas: se toleró algo más de volatilidad cambiaria y un menor ritmo de acumulación de dólares para evitar que el endurecimiento monetario siguiera trasladándose al crédito.
El diagnóstico coincide con el del Banco Provincia. Para la entidad bonaerense, el equipo económico empezó a buscar un equilibrio entre un mercado cambiario que genera cada vez menos pesos y una economía interna que todavía no logra recuperarse. La flexibilización de los créditos en dólares para empresas y el uso de $2 billones del Fondo de Garantía de Sustentabilidad para impulsar los hipotecarios forman parte de esa misma búsqueda de liquidez.
El cambio expone una tensión que hasta hace poco permanecía en segundo plano. Comprar dólares permitía simultáneamente acumular reservas e inyectar pesos. Pero cuando el ritmo de compras se desplomó, también desapareció buena parte de esa fuente de expansión monetaria. El resultado fue una suba de tasas que empezó a amenazar al crédito en una economía que ya llegaba debilitada.
Caputo comenzó entonces a aflojar uno de los extremos del programa. En lugar de sostener a cualquier costo el dólar y la acumulación de reservas, Economía empezó a liberar pesos, apoyarse en el Nación para abaratar el mercado monetario y tolerar un mayor movimiento cambiario. El nuevo equilibrio supone aceptar menos reservas y algo más de dólar para impedir que las tasas terminen de asfixiar la economía.
