Una disputa de liderazgos por el futuro de América latina | Opinión

En este siglo América latina tuvo cambios radicales, aunque en direcciones distintas. Como había sido la región privilegiada por el neoliberalismo en la última década del siglo pasado, ha sido, en la primera década de este siglo, la región privilegiada del anti-neoliberalismo.

En Venezuela y en Brasil se inició el proceso de superación del neoliberalismo, con el paso de la prioridad de los ajustes fiscales al de la implementación de las políticas sociales. Como el continente más desigual del mundo, con los correspondientes procesos de exclusión social, los gobiernos de Venezuela, de Brasil, de Argentina, de Uruguay, de Bolivia, de Ecuador, han comandado, a escala mundial, la construcción de un bloque de países que, en el plano internacional, protagonizaron la lucha por la puesta en marcha del posneoliberalismo.

Éste ha consistido no solamente en la prioridad de las políticas sociales, sino también en el rescate del rol activo del Estado, en las políticas de integración regional en lugar de los tratados de libre comercio con Estados Unidos. 

Fue así como, a lo largo de por lo menos una década y media, América latina ha sido la región del mundo de liderazgo en la lucha antineoliberal. Al igual que, en esa lucha, ha proyectado a los principales líderes políticos, como Hugo Chávez, Lula, Tabaré Vázquez, Néstor Kirchner, Evo Morales, Rafael Correa.

Al final de la segunda década de antineoliberalismo, han comenzado a surgir procesos de resistencia, incluso de corte golpista, como fueron los casos en Brasil y en Bolivia, aunque de corta duración.

Pero lo cierto es que el momento de mayor auge del antineoliberalismo latinoamericano se ha agotado, sin perder su vigor.

El continente ha vivido una segunda ola de políticas antineoliberales, de distribución del ingreso, de fortalecimiento de los Estados, de disminución de las desigualdades sociales.

¿Qué situación vive hoy América latina? Después de procesos de reflote de la derecha, que tiene en Argentina y en Ecuador, sus expresiones más fuertes, la situación se ha vuelto más inestable y menos clara.

Brasil y México siguen teniendo, con Lula y López Obrador, los gobiernos más sólidos, que de forma más consistente, implementan políticas antineoliberales. Colombia, con Gustavo Petro, aun con inestabilidades y todavía sin mayor continuidad, también puede ser sumado a estos gobiernos antineoliberales.

En el conjunto del continente, se puede decir que hubo avances, pero la hegemonía del capital especulativo sigue vigente, no fue rota. La concentración de la riqueza se mantiene, así como la exclusión social. Aunque la economía ha vuelto a crecer, no ha disminuido la cantidad de gente viviendo, abandonada, en las calles.

Algunos países, entre ellos Brasil, México y Colombia han demostrado capacidad de avanzar hacia la superación del neoliberalismo. Pero no está claro qué modelo vendría después del neoliberalismo. Que tipo de Estado democratizado puede suceder al Estado actual. Qué tipo de estructura social seguiría a la del neoliberalismo.

Lo que es cierto es que hay un movimiento social y político fuerte, con partidos, sindicatos y movimientos sociales que expresan políticamente la izquierda en el continente. El siglo XXI seguirá siendo un siglo que contará con una América latina progresista, de lucha contra el neoliberalismo.

La tercera década del siglo, sin embargo, es un período de contradicciones entre los avances logrados y los retrocesos en algunos países. Con una presencia fuerte del liderazgo de Lula en el continente y en el mundo y con la existencia de un gobierno extremamente conservador como el de Milei.

La disputa es para saber cuál de los dos liderazgos será determinante para el futuro del continente. Lo cual definirá el destino de América latina en la primera mitad del siglo XXI.

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