tensión y suspicacia ante un proyecto presentado como superador al cierre

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Foto: Raúl Ferrari (archivo).

Mientras el Congreso analiza el proyecto de ley “Bases” que entre otras cuestiones plantea la derogación del Fondo Nacional de las Artes, gestores culturales redactaron la propuesta “Para salvar y revitalizar el FNA”, donde plantean reestructurar al personal y las funciones históricas de este organismo, para que funcione como un “banco para artistas” sin incidencia alguna del Estado tanto en su financiamiento como en la gestión, opción que ha sido resistida por figuras del campo de la cultura, que la tildan de “oportunista” y de “esconder la intención de una privatización”.

El proyecto fue redactado por un grupo de “amantes de las artes en todas sus variantes” junto a la Fundación Compromiso que preside el abogado Juan Javier Negri y la Fundación Sur creada por Victoria Ocampo en 1963, dijo a Télam Carolina Biquard, titular de esa entidad y ex directora del FNA (durante la gestión de Mauricio Macri), quien definió a la iniciativa como “una alternativa superadora de la decisión de supresión del Fondo Nacional de las Artes”, recibida “con interés” por “miembros del Congreso” cuyos nombres no especificó.

La propuesta

Para este grupo, que tiene a Biquard y a Negri como voceros, “el FNA cumple un rol fundamental en el desarrollo de la cultura argentina”, porque “a través de sus programas de financiamiento, becas, premios y residencias le brinda a los artistas la oportunidad de desarrollar su talento y llevar sus creaciones a un público más amplio”.

Se trata de “la principal herramienta financiera para los artistas en Argentina, siempre muy necesaria y valorada, porque no existen otras instituciones en el país (y muy pocas en el mundo) que le ofrezcan a los artistas la posibilidad de acceder a préstamos para financiar sus proyectos”, aseguró Biquard.

Más allá de este reconocimiento sobre una institución que históricamente funcionó en la órbita del Estado, el documento señala que “cualquier solución propuesta debe excluir el financiamiento del FNA a través del presupuesto del Estado nacional” y que “tampoco debería haber ninguna interferencia del Estado en la gestión del FNA”.

“La solución”, advierte el texto, está en “sumar financiamiento privado a las actuales fuentes de financiamiento del FNA”, esto es la recaudación del impuesto al Derecho Público Pagante (DPP) que de cerrar el organismo pasaría a otras arcas públicas; e “incluye el repotenciamiento de la actividad financiera del FNA como banco para artistas”.

“La única propuesta realmente salvadora es la oposición rotunda al desguace del FNA, un proyecto que además de injustificado considero brutal -contrapuso la escritora Liliana Heker, quien integró el directorio del FNA entre 2005 y 2012- ¿El FNA podría optimizar su funcionamiento? Por supuesto que sí: todo, y todos, podemos optimizarnos. Pero, ante los graves problemas que, cada día más, acosan a la mayor parte del pueblo argentino, no me parece urgente revitalizar a una institución que está cumpliendo muy bien sus funciones”, postuló.

“Sé lo importantes que han sido las funciones que a lo largo de 64 años han venido desempeñando el FNA -agregó Heker-. Los concursos que ha organizado, los subsidios, becas y préstamos que ha otorgado han permitido que innumerables artistas talentosos pudieran llevar a cabo sus proyectos, sobre todo en la etapa inicial de sus trayectorias, cuando sólo el Fondo, con su objetividad, supo reconocer y recompensar valores que medios menos desinteresados todavía no apreciaban. Sintéticamente: el Fondo Nacional de las Artes ha hecho posible el despegue de muchos de los artistas que hoy nos enorgullecen”.

El documento “Para salvar y revitalizar el FNA” cita que, “según información del gobierno actual, el 70% de los recursos se destinan a gastos de funcionamiento y sólo el 30% se destinan a los artistas. En los primeros 16 años de funcionamiento, los costos operativos representaron el 11% de los recursos y los artistas recibieron el 89%. Estamos seguros de que en el contexto actual y con el potencial del FNA se puede llegar a una gestión óptima en beneficio de muchos más artistas”, se lee.

“En los últimos años el FNA consolidó una ecuación presupuestaria donde el gasto de funcionamiento se lleva el 70% del presupuesto mientras que sólo el 30% se deriva en beneficios para los artistas -confirmó Negri-. De ese 70%, el 50% se lo llevan los gastos en personal y el restante 20% se usa en servicios, en una cantidad importante de contratos eventuales, en mantenimiento, pasajes, viáticos, etcétera”, puntualizó.

Esto fue desmentido por Diana Saiegh, quien dirigió el FNA en la gestión de Alberto Fernández: “Las cifras que atribuyen a funcionamiento no significan los salarios de los trabajadores que, por otro lado, son muy pocos, es un organismo que ha llegado a dar 45.000 becas en la época de la pandemia donde solamente trabajan 120 personas”.

“Es ridículo lo que se está diciendo, el rubro de funcionamiento incluye el pago a los jurados de todos los concursos que se hacen a lo largo de todo el año y que, en muchas ocasiones, se otorgan a más de una especialidad por disciplina: Música, Letras, Artes Visuales, Audiovisuales, Danza, Artesanía, Arquitectura, Patrimonio, Gestión Cultural y Teatro”, enumeró.

A su entender, “la gente que está esgrimiendo esos argumentos falta a la verdad, desconoce o quizá esté tratando de hacer parecer que lo último que quiere hacer es liquidar” porque “el Fondo Nacional de las Artes es un excelente ejemplo de organismo público y debe ser conservado en su totalidad. Siempre puede haber cosas a mejorar, todo es mejorable en esta vida, pero no es el momento. Ahora es el momento de defenderlo y de que se sepa lo que se ha hecho ahí como asistencia, ayuda y beneficio de todas y todos los artistas de la República Argentina”.

La propuesta “Para salvar y revitalizar el FNA” postula que “las becas y premios deberían mantenerse por el sello de calidad” aunque “el objetivo es hacer crecer exponencialmente los préstamos”, que los cargos del directorio y de la presidencia “deberían ser ad honorem, como lo fueron hasta 2005”; y que “conservará sus activos” como “organismo autárquico”. Esto es “su edificio de calle Alsina, la casa de Victoria Ocampo, su pinacoteca, los recursos que puedan resultar del recupero de juicios pendientes más las tasas y multas por violaciones a la ley de propiedad intelectual”.

A entender de Negri, “el FNA debe resguardarse de los vientos políticos de turno y ser administrado eficientemente. Necesita un sistema transparente de nombramiento de sus directores con participación activa del ecosistema del arte y de alocación de sus préstamos y beneficios”. En tanto que, “una vez definido en el Congreso el destino de la propuesta de ley de Bases y Puntos de Partida, desde el Poder Ejecutivo se podría definir a una persona para que participe y apruebe el proceso de transformación y revitalización del FNA, que no debería durar más de un año”.

Saiegh discrepó respecto a la necesidad de transparencia: “durante los días de transición entregué en lo que era el ministerio de Cultura, en manos de Leonardo Cifelli (hoy secretario nacional de Cultura del gobierno de Javier Milei) un informe de los cuatro años de gestión con los ingresos y egresos, con lo que se pagó en cada rubro y, sobre todo, con la distribución del dinero recaudado”.

¿Qué pasaría con el personal actual del FNA en caso de prosperar esta proposición? ¿La reestructuración del FNA implicaría una reducción del personal? “Las decisiones acerca del personal dependiente del Estado Nacional no son competencia nuestra. Los integrantes del grupo promotor que conocen el FNA desde adentro consideran que hay personal actual del FNA muy competente. Si se acepta nuestra propuesta, el Fondo crecerá en sus servicios, por lo que las actuales proporciones entre cantidad de personal y beneficios y préstamos administrados cambiarían sustancialmente”, señaló Negri.

“Me parece oportunista establecer la privatización del FNA disfrazada de salvataje -opinó la artista Magdalena Jitrik desde la Comunidad de artes visuales, una de las agrupaciones que se oponen al cierre de la institución-. Esta ideología tan primitiva llama costo a todo lo que no es su ganancia -dijo-: el FNA debiera crecer, dar más becas, montos mayores, préstamos más importantes. Es una concepción errónea tanto la de suprimirlo como la de privatizarlo, ambas cosas llevan a erradicar la diversidad cultural y parece que ése es el objetivo: una sociedad mansa, uniforme, obediente y esclava”.

¿Qué significa que el FNA deba tener “más autonomía y más autarquía”, tal como postula el texto de revitalización del Fondo? “Que tenga pleno acceso a sus recursos económicos y financieros y que se lo mantenga alejado de influencias políticas circunstanciales, como un organismo técnico especializado en el financiamiento del arte”, concluye Biquard.

A lo que Lidia Borda, otra ex integrante de su directorio, concluye: “Estamos muy preocupados por todo lo que pueda pasar con el FNA, el Inamu, el INCA, el Instituto del Teatro…. Aún así creo que no debemos escindir el reclamo cultural del social, porque si logramos que retraigan las decisiones en relación a la cultura vamos a verlo como un engañoso triunfo mientras arrasan, por ejemplo, con los derechos de los jubilados. No deberíamos quedarnos en el reclamo sectorial, me da un poco de desconfianza, ¿No les parece que están tratando de conducir nuestra atención a un solo punto?”.

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