La suba de tasa de EEUU empuja el costo de la deuda argentina arriba del 10%

La suba de tasa de EEUU empuja el costo de la deuda argentina arriba del 10%

El salto de las tasas de interés en Estados Unidos empieza a cerrar la ventana que Luis Caputo esperaba aprovechar para regresar al mercado internacional de deuda. El rendimiento del Treasury a 10 años perforó el 5%, el nivel más alto desde 2007, mientras el riesgo país argentino volvió a la zona de 510 puntos. La combinación vuelve a colocar el costo potencial de una nueva emisión soberana alrededor del 10%, justamente el nivel que Economía viene evitando convalidar.

El cambio internacional se profundizó después de que la Reserva Federal aumentara 25 puntos básicos su tasa de referencia hasta un rango de 3,75% a 4%. Fue la primera suba desde 2023 y puso fin al ciclo de recortes iniciado en 2024. Además, las proyecciones de los integrantes de la Fed muestran que 16 de los 18 participantes esperan al menos otro aumento durante este año. La autoridad monetaria justificó la decisión en una inflación que todavía permanece elevada.

“Para cualquier emisor emergente, esto sube el piso desde el cual se construye el spread de riesgo país, y Argentina no es la excepción”, explicó a LPO Facundo Pascual, asesor financiero. El especialista destacó que la combinación de una Fed más dura y rendimientos largos en máximos desde 2007 representa un cambio importante respecto del escenario internacional sobre el que el Gobierno había construido su estrategia financiera.

El punto débil de Caputo: deberá conseguir USD 11.000 millones en el mercado local en pleno año electoral 

La cuestión es particularmente sensible para Argentina porque el riesgo país no representa por sí solo el rendimiento que debería pagar el Tesoro, sino el diferencial que los inversores exigen frente a los títulos considerados de menor riesgo. Con la referencia norteamericana en niveles mucho más elevados, Argentina necesita una compresión mayor de su propio spread para conseguir la misma tasa de financiamiento que esperaba algunos meses atrás.

Pascual agregó que “aunque Argentina no empeore un ápice sus fundamentos, el viento de frente global le encarece el financiamiento”. Con el riesgo país por encima de los 500 puntos y el Treasury en torno al 5%, el costo de una nueva emisión argentina vuelve a quedar alrededor del 10%, justamente el nivel que el Gobierno busca evitar para regresar al mercado internacional.

Con el panorama actual, el escenario más probable es que el Gobierno no salga a los mercados internacionales en este mandato.

Una mirada todavía más cautelosa planteó Federico Machado, economista de LLZ. “Con el panorama actual, el escenario más probable es que el Gobierno no salga a los mercados internacionales en este mandato”, sostuvo. Según explicó, la combinación de tasas internacionales más altas, un petróleo que presiona sobre la inflación global, un contexto de menor apetito por el riesgo y una mayor incertidumbre política local hace difícil que vuelva a abrirse una ventana favorable para emitir deuda.

En ese escenario, Machado sostuvo que el Gobierno deberá apoyarse en el esquema financiero que ya contempla atravesar 2027 con las reservas disponibles y fuentes alternativas de financiamiento. Entre ellas mencionó particularmente la colocación de Bonares y la utilización de deuda senior, una estrategia que permitiría postergar el regreso al mercado internacional mientras el costo exigido por los inversores permanezca en niveles elevados.

Milo Farro, research de Rava Bursátil, señaló a LPO que los bonos argentinos “sintieron el impacto del sesgo negativo sobre los activos de renta fija a nivel global”. Según el analista, detrás del movimiento aparecen “las preocupaciones por la sustentabilidad fiscal de los países desarrollados, las presiones inflacionarias y el boom de emisiones corporativas vinculadas a la Inteligencia Artificial”.

El cambio fue rápido. Farro destacó que el riesgo país había llegado a tocar un mínimo cercano a los 400 puntos en julio, pero desde entonces trepó nuevamente hasta la zona de 510. Ese movimiento “disminuye en forma significativa las probabilidades de una salida a los mercados internacionales en el corto plazo”, sostuvo.

No es que a Argentina se le haya cerrado la puerta del mercado internacional, es que el costo de abrirla subió justo cuando el propio programa financiero descansaba en la premisa de una ventana de acceso más barata hacia 2027.

La consecuencia ya apareció en el programa financiero. Según Farro, el aumento de los rendimientos llevó al Gobierno a dejar de emitir AO29. Caputo enfrenta así un dilema: aceptar un costo cercano al 10% para acelerar el regreso al mercado o esperar una nueva ventana financiera que permita emitir a una tasa inferior.

Para Pascual, el problema no significa que Argentina haya perdido completamente el acceso al crédito externo. “No es que a Argentina se le haya cerrado la puerta del mercado internacional, es que el costo de abrirla subió justo cuando el propio programa financiero descansaba en la premisa de una ventana de acceso más barata hacia 2027”, afirmó.

La dificultad, agregó, es de secuencia. Si la Fed mantiene un sesgo alcista, toda la mejora necesaria para abaratar el financiamiento deberá provenir de una caída del riesgo argentino. “La compresión de riesgo país que el Gobierno necesita para volver a emitir en condiciones razonables tiene que hacer todo el trabajo sola, sin ayuda del contexto externo”, explicó Pascual.

Farro, sin embargo, señala que el Gobierno todavía cuenta con margen para postergar la salida al mercado. El BCRA compró unos USD 14.200 millones en lo que va de 2026, un colchón que, según el analista, le otorga al Tesoro “la opcionalidad de cumplir con lo previsto a través de compras de divisas a la autoridad monetaria”. De esa manera, Economía podría evitar por ahora convalidar el rendimiento que exige Wall Street.

El nuevo escenario deja así a Caputo dependiendo cada vez más de una fuerte caída del riesgo país. Con el Treasury alrededor del 5%, la mejora de los activos argentinos necesita ser mucho mayor para conseguir una tasa de emisión de un dígito. Como sintetizó Pascual, comprimir el spread únicamente por mérito propio “en año electoral, es mucho más difícil que hacerlo con una Fed acompañando”.

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