
Hace unos días, la política de la embajada argentina en Honduras fue aludida peyorativamente por el exsenador Federico Pinedo y el actual diputado nacional Pablo Torello, ambos militantes del PRO.
Les molestó que el último 25 de mayo recordáramos, en una celebración masiva en la ciudad de Tegucigalpa, la coincidencia de lo que para nosotros son tres eventos históricos y emblemáticos que hacen a la historia presente y pasada de nuestra nación.
Sí, levantamos como bandera la Revolución de Mayo.
Sí, somos hijos, nietos, sobrinos y herederos de la lucha por los derechos humanos y la defensa de nuestra democracia.
Y por supuesto que sí, somos los hijos de la generación diezmada que encarnó el expresidente Néstor Carlos Kirchner.
Por eso lo simbolizamos con la secuencia 1810-1983-2003.
Se trata de hitos que hacen a la historia de nuestro país y por eso ese día, en Honduras, no estuvimos solos.
Recibimos el abrazo de los pueblos del mundo a través de sus embajadores y embajadoras, desde Japón, Alemania, Corea, Estados Unidos, hasta nuestros hermanos latinoamericanos como Brasil, Chile, Cuba o El Salvador.
También, y masivamente, del pueblo hondureño, y sobre todo de las infancias, que siguen siendo para nuestra política los únicos privilegiados.
Si se tratara de responder con chicanas, podríamos ironizar preguntándonos dónde leer las declaraciones indignadas de los Pinedo, los Torello o los Straface cuando entregaron soberanía en bodegas inglesas, o fueron expulsados de países hermanos por humillar a su pueblo como en Ecuador.
O cuando recibieron a nuestra fragata insignia en shorts y con raquetas de tenis porque era más importante no perder su ejercicio matutino en la ciudad de México.
Tampoco leímos una autocrítica por desarticular los instrumentos de integración como la Unasur, empantanar al Mercosur o ningunear a la Celac sin proponer ningún esquema superador.
La dolorosa experiencia de la pandemia nos hubiera encontrado en mejores condiciones si, por ejemplo, hubiera estado funcionando el Consejo de Salud de la Unasur.
Pero, claro, ni el Ministerio de Salud quedó en pie.
Sin embargo, el complejo escenario que atraviesa nuestro país y el mundo exige que levantemos la vara de la discusión.
En esa línea, la Vicepresidenta viene señalando la necesidad de encontrar marcos de entendimiento para debatir los grandes temas, como la situación de lo que ella llama la “economía bimonetaria”, o la necesidad de reconstruir el pacto democrático.
En esa línea, nos permitimos sumar a esa lista de temas, la necesidad de sostener una política de estado en relación a dos o tres grandes ejes de política exterior.
¿Cómo nos vamos a insertar en un mundo en crisis?
¿Cuál va a ser nuestra política frente a la guerra en Europa, por ejemplo?
¿Qué vamos a hacer con los organismos internacionales, con la integración?
Tenemos esa responsabilidad como dirigentes, como funcionarios y funcionarias, y como argentinos y argentinas amantes de nuestra patria y nuestra historia.
Somos Argentina, somos una gran nación, hermana de nuestros hermanos, soberana y orgullosa de nuestras luchas populares.
Profundamente latinoamericana, profundamente democrática.
El mundo nos busca y la política exterior que desarrollamos fortalece esos puentes de construcción de soberanía regional.
Como peronistas, creemos en el continentalismo; tenemos mucho que celebrar y partimos del reconocimiento de muchos y muchas compañeras que entregaron su militancia a hacer de Argentina una nación independiente, justa y soberana.
Señores de la oposición, no se detengan en poner en evidencia que nos reconocemos parte de un proceso nacional y popular.
Discutamos, como propone Cristina, una nueva plataforma de Integración regional, que tome las conquistas de los procesos anteriores pero que nos anime a saldar las deudas históricas.
Cada uno desde su identidad y su historia.
Si, por el contrario, su propuesta electoral es atacar a este embajador, pues ahórrense sus tintas y tuits, que nosotros vinimos sin ambiciones personales a poner nuestro ladrillo en la concreción del sueño que nos propuso Néstor, y que encarna la lucha de los patriotas libertadores.
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