“La Iglesia necesita escuchar a todos” | Mensaje de la asamblea sinodal

La ratificación del camino de participación eclesial trazado por el Papa Francisco con la convocatoria a la “sinodalidad” y la reafirmación de que “la Iglesia necesita absolutamente escuchar a todos, comenzando por los más pobres” son los puntos más destacados de la “Carta al pueblo de Dios”, el documento difundido este miércoles en el Vaticano como el primer producto del encuentro sinodal del que participan aproximadamente 400 personas entre obispos, religiosos, religiosas, laicas y laicos, y que finalizará el 29 de este mes con un documento que intentará sintetizar los debates, aunque sin llegar todavía a conclusiones o propuestas concretas.

La “carta”, aprobada por todos los participantes, no se limita a rescatar el espíritu de lo vivido en la sala sinodal desde el pasado 30 de setiembre, sino que subraya, en sintonía también con el Papa, el valor del proceso preparatorio y la continuidad que lo hecho ahora tendrá desde aquí hasta la segunda sesión presencial en el último trimestre del año próximo. “Han pasado ya dos años desde que, a petición del Papa Francisco, se inició un largo proceso de escucha y discernimiento, abierto a todo el pueblo de Dios, sin excluir a nadie para ‘caminar juntos’, bajo la guía del Espíritu Santo, discípulos misioneros siguiendo a Jesucristo”, se afirma en el mensaje. Y subraya que, “por primera vez, por invitación del Papa Francisco, hombres y mujeres han sido invitados, en virtud del bautismo, a sentarse a la misma mesa para formar parte no solo de las discusiones, sino también de las votaciones de esta Asamblea del Sínodo de Obispos” se afirma para destacar la particularidad de esta sesión y el sentido integración, apertura y participación que se le quiso imprimir a la misma.

Pero junto a lo anterior, los participantes asumen que ““hemos compartido con humildad las riquezas y las pobrezas de nuestras comunidades en todos los continentes, tratando de discernir lo que el Espíritu Santo quiere decir a la Iglesia hoy”.

En otro pasaje se recuerda que “nuestra asamblea se ha llevado a cabo en el contexto de un mundo en crisis, cuyas heridas y escandalosas desigualdades han resonado dolorosamente en nuestros corazones y han dado a nuestros trabajos una gravedad peculiar, más aún cuando algunos de nosotros venimos de países en los que la guerra significa”.

No se deja de lado tampoco la denuncia, al recordar que “hemos rezado por las víctimas de la violencia homicida, sin olvidar a todos los que a la miseria y la corrupción les ha arrojado a los peligrosos caminos de la emigración”, ratificando también el compromiso de la Iglesia con la justicia y la paz.

En general se pude afirmar que la agenda de Francisco está presente en este mensaje y, de alguna manera, adelanta que también será incluida en el documento de síntesis que se conocerá en los próximos días. En ese sentido se puede resaltar la mención al necesario cuidado de la “casa común” y el “clamor de la tierra y el clamor de los pobres” subrayado por el Papa en su más reciente documento “Laudate Deum”.

A la hora de mencionar la actitud de “escucha” que se requiere se hace un largo listado, comenzando por “escuchar a aquellos que no tienen derecho a la palabra en la sociedad o se sienten excluidos, también de la Iglesia”. Pero también a las víctimas del racismo, a “los pueblos indígenas cuyas culturas han sido humilladas” pero sin dejar de señalar que “sobre todo, la Iglesia de nuestro tiempo tiene el deber de escuchar, con espíritu de conversión, a aquellos que han sido víctimas de abusos cometidos por miembros del cuerpo eclesial, y de comprometerse concretamente y estructuralmente para que no vuelva a suceder”.

Hay además un mensaje hacia el interior del cuerpo eclesial, subrayando la importancia de la escucha de las familias, los ministros consagrados, las religiosas y los religiosos, y de laicas y laicos católicos que “que desean ser involucrados en ministerios laicales o en organismos participativos de discernimiento y de decisión”.

Un mensaje que anticipa que se alinea con el mensaje de Francisco y anticipa, en tono y contenidos, lo que seguramente se conocerá este fin de semana como síntesis de los debates sinodales. Documento, este último, que servirá también de agenda para el trabajo en los países como preparación a la muy trascendente sesión sinodal del año próximo.

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