El gobierno nacional avanzó con la privatización más importante de su administración, el Sistema de Navegación Troncal conocido popularmente como Hidrovía, el corredor fluvial por donde circula cerca del 80% del comercio exterior argentino con epicentro en el Cordón Industrial del Gran Rosario donde está instalado uno de los polos portuarios más importantes del mundo.
A la compulsa se presentaron tres oferentes: dos empresas belgas, Jan De Nul y DEME, y la brasileña DTA Engenharia, según informó oficialmente la administración libertaria. La concesión será por 25 años, bajo un esquema de riesgo empresario y sin aval ni financiamiento estatal y con una inversión estimada en más de 10 mil millones de dólares.
El proceso licitatorio consta de tres etapas: el análisis de los antecedentes técnicos y respaldo financiero; el plan de obras y el equipamiento; y finalmente la oferta económica, que tendrá el mayor peso en la adjudicación.
En el sector llamó la atención la ausencia de la empresa holandesa Van Oord que en procesos anteriores habían mostrado interés y formó parte de la primera licitación de Milei que volvió a fojas cero.
La otra gigante de Países Bajos Boskalis se sabía que no se iba a presentar porque históricamente planteó la conveniencia de dividir la concesión en tramos. La firma que contaba con el lobby de la reina Máxima Zorriquieta y el ex presidente Mauricio Macri le interesaba especialmente el mantenimiento del área del Río de la Plata hacia el océano, una zona de menor complejidad operativa que el dragado permanente del canal principal del Paraná.
Pero para ello, el pliego licitatorio debía dividirse en tres zonas con diferentes servicios: la primera con la salida al mar, de interés particular para Boskalis, la segunda hasta Timbúes y el tercer tramo al norte hasta el río Paraguay, una ruta de tránsito de barcazas. Sin embargo, el pliego terminó definiendo dos sectores, de la localidad de Timbúes al norte y al sur, desalentando los intereses de la empresa apañada por Macri.
Draga Alfonso de Albuquerque de Jan de Nul que opera en Río Paraná
Quién es quién en la disputa
Jan De Nul, de origen belga, y tiene una extensa trayectoria en Argentina, donde operó la Hidrovía desde los años noventa. Su fortaleza radica en el conocimiento técnico del río e infraestructura en la región para mantener el canal que exige dragas trabajando las 24 horas durante todo el año, un esquema intensivo que explica la magnitud técnica y financiera del contrato.
La otra interesada es DEME, también belga, es un gigante global del dragado y la ingeniería marítima. Ha competido en distintos procesos internacionales con Jan De Nul y en el pasado cuestionó aspectos de las licitaciones vinculadas a la Hidrovía, en medio de una puja histórica entre ambas compañías por contratos estratégicos.
La tercera oferente es DTA Engenharia, de Brasil, una firma con experiencia en obras de infraestructura y servicios marítimos en Sudamérica. Es la única competidora latinoamericana en el proceso y apuesta a posicionarse frente a los pesos pesados europeos en una de las concesiones más relevantes del continente.
El gobierno destacó que el proceso contó con el respaldo de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) y con el acompañamiento de entidades empresarias, provincias y cámaras del sector exportador como la Bolsa de Comercio de Rosario una de las protagonistas en el proceso privatizador.
Más allá del tono institucional, la disputa por la Hidrovía vuelve a poner sobre la mesa un debate político de fondo: quién controla la principal arteria por la que salen los dólares del agro y qué margen de influencia conservarán las provincias ribereñas frente a un esquema de concesión plenamente privado. Por su parte, el gobernador de Santa Fe Maximiliano Pullaro reclamó que el ente de control estatal funcione en la ciudad de Rosario.