Desaparecidos palestinos: entre los escombros y la falta de información | La guerra en Gaza

Los desaparecidos palestinos se cuentan de a miles. El Ministerio de Sanidad en la Franja de Gaza –la única fuente oficial que dio un número– sugiere que son unos 7 mil. Muchos yacen bajo los escombros de las 70 mil viviendas completamente destruidas por los bombardeos que realiza a destajo el régimen de Benjamín Netanyahu. También están enterrados entre los restos de mampostería del centenar de escuelas y universidades atacadas. Quizás sigan sepultados en las 227 mezquitas demolidas por la aviación israelí. O en los 290 mil edificios parcialmente derribados que todavía se mantienen en pie. Estos datos se difundieron el 29 de marzo tras 175 días de guerra. Una guerra que continúa pese a la resolución para un alto al fuego del Consejo de Seguridad de la ONU que Israel no acata.

Pero los desaparecidos son más y no todos siguen tapados por toneladas de piedras y cemento. Lo afirmaba en octubre pasado Muhammad Aruri, responsable de asuntos jurídicos del Sindicato General de Trabajadores Palestinos. “Hay 5.000 de los que no tenemos ninguna información. No sabemos si están vivos o muertos”. Se refería a obreros que cumplen distintas tareas en Israel, a ciudadanos detenidos o secuestrados en la Franja sobre los que no hay estadísticas, a quienes un informe del Washington Post describió a mediados de marzo citando algunos casos: “Un adolescente que vendía cigarrillos. Un cantante en ascenso. Un ingeniero de una planta embotelladora local… se encuentran entre los miles de personas que han sido reportadas como desaparecidas en Gaza”.

En enero último, las cifras oficiales sobre desaparecidos del Ministerio de Sanidad palestino eran corroboradas por otra fuente independiente sobre el terreno. De los 7.000 casos daba cuenta el informe diario sobre la situación en Gaza de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU. Destacaba, además, que el 70 % de las víctimas eran mujeres y niños. Sus cuerpos quedaron atrapados entre las ruinas de los edificios donde residían. Siguen ahí sin poder ser identificados. Pero hay más desaparecidos. Su ausencia no es producto de los bombardeos. Sí de la cacería humana a que el ejército israelí somete a la población local en su tierra invadida.

El delito de desaparición forzada ha sido denunciado por la Sociedad de Prisioneros Palestinos (PPS). A principios de febrero, la misma fuente difundió que el número de secuestrados por las fuerzas de ocupación en Cisjordania llegaba a casi 6.540. Solo en ese territorio y sin contar Gaza, desde que empezó la invasión para repeler la incursión de Hamas en el sur de Israel que terminó en una masacre de civiles y con la toma de rehenes.

Aquel número de la PPS incluso supera al que publicó la Cruz Roja Internacional para la Franja. La organización informó que habría unos 5 mil desaparecidos, muchos de ellos tomados en razias o puestos de control, como le sucedió al poeta palestino Mosab Abu Toha. Un artículo del 27 de marzo último publicado por el New York Times contó su historia. Se lo llevaron a la rastra delante de su familia. El medio, citando fuentes de la inteligencia israelí, señaló: “El señor Abu Toha había entrado en el rango de cámaras integradas con tecnología de reconocimiento facial”. Cuando lo liberaron, el escritor afirmó que los soldados israelíes le dijeron que lo habían interrogado por “error”.

El gobierno de Netanyahu utiliza inteligencia artificial contra los palestinos. Esa modalidad represiva no es nueva. Antes que en Gaza la aplicó en Cisjordania para monitorear los movimientos de la población local en 2023. “Tanto en Hebrón como en la Jerusalén Oriental ocupada, la tecnología de reconocimiento facial respalda una densa red de cámaras CCTV para mantener a los palestinos bajo observación casi constante… esta vigilancia es parte de un intento deliberado de las autoridades israelíes de crear un ambiente hostil y coercitivo para los palestinos” denunció Amnistía Internacional.

El sitio Jacobin publicó un artículo en octubre de 2023, cuando Gaza empezaba a ser demolida por el ejército de ocupación israelí. Citaba a Shaher Saed, Secretario General de la Federación General Palestina de Sindicatos (PGFTU), quien ya denunciaba que entre sus afiliados “algunos han desaparecido, otros están desamparados, otros han sido detenidos y otros han sido deportados a Cisjordania”. En la misma nota, el gremialista palestino detallaba: “Se les impidió regresar a sus hogares, se les expulsó de sus lugares de trabajo y se les trasladó a Cisjordania sin ningún tipo de refugio. Esto se hizo después de agredirlos físicamente y confiscarles sus pertenencias personales, como el dinero, los documentos de identidad y los permisos de entrada a Israel”.

Las víctimas totales palestinas en 175 días de la invasión sobre Gaza llegan – según el Ministerio de Sanidad – a 32.782 muertos y 75.092 heridos relevados en los hospitales. Un informe de los daños causados a la población civil que dio la misma fuente señala que la suma de víctimas mortales se incrementa hasta 39.782 sí se agregan los desaparecidos. De esa suma, 14.350 son niñas y niños asesinados y 17 mil viven sin uno o sus dos padres.

Otras estadísticas oficiales de la Franja son pavorosas. Hay 700 mil personas con enfermedades infecciosas por los desplazamientos que provocan los bombardeos. Unos 10 mil pacientes con cáncer pueden morir si no reciben tratamiento. Unas 60 mil mujeres embarazadas no tienen acceso a la atención médica. 8 mil palestinos contrajeron hepatitis viral. Y dos millones de personas fueron forzadas a huir de donde vivían. Sobre ellas cayeron 70 mil toneladas de explosivos. Si no las mataron, quedaron mutiladas, sin destino cierto a la intemperie y al borde de una hambruna. El 26 de marzo, un informe de la relatora especial de la ONU para los Territorios Palestinos Ocupados, Francesca Albanese, consideró que “se cumplen los criterios que apuntan a que Israel está perpetrando un genocidio”.

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