Barclays y Moody's enfrían el relato de Milei, mientras el mercado presiona para volver a emitir deuda

Barclays y Moody’s enfrían el relato de Milei, mientras el mercado presiona para volver a emitir deuda

Cada vez son más las voces que reclaman que el Gobierno vuelva a emitir deuda. Pero mientras en la City fantasean con una Argentina de regreso pleno a Wall Street, los informes internacionales todavía muestran otra escena: un país con riesgo país de 515 puntos, el doble del promedio latinoamericano, y con agencias que siguen mirando de reojo la sustentabilidad del programa económico.

La discusión quedó expuesta esta semana en varios frentes. Barclays publicó un informe con un título elocuente: “A drop of water in the desert”. Una gota de agua en el desierto. El banco británico sostuvo que la reciente baja de tasas reales de corto plazo no alcanza para reactivar la economía real y advirtió que apostar al crédito como motor de recuperación es un error de diagnóstico. La lectura es sencilla: si no hay mejora estructural de ingresos, salarios y demanda, el crédito funciona como un respirador artificial, no como un motor productivo.

El análisis pega sobre uno de los relatos centrales del oficialismo. El Gobierno viene mostrando la recuperación del financiamiento privado como prueba de normalización. Hipotecarios, prendarios y consumo aparecen en cadena nacional financiera como señales de rebote. Pero Barclays plantea que el problema argentino no es sólo monetario. Hay una economía partida en dos velocidades. Un núcleo vinculado a energía, minería y finanzas que gana dólares y otro mercado interno con caída de ingresos y  escuálida actividad.

La trampa del dólar estable consolida una economía dual

En paralelo, Moody’s puso otro freno al entusiasmo. La calificadora afirmó que no planea subirle la nota a la Argentina en el corto plazo. Reconoció avances del Gobierno en materia fiscal y monetaria durante el último año, pero dejó en claro que todavía mantiene dudas importantes sobre el frente financiero. En particular, sobre los vencimientos de deuda de 2026 y 2027 y sobre la capacidad política de sostener las reformas después del próximo recambio electoral. El mensaje tiene peso porque llega apenas después de la mejora de Fitch

Lo concreto es que las dudas estructurales siguen vivas. En Wall Street saben que una cosa es ordenar parcialmente el frente fiscal y otra muy distinta resolver el problema de acumulación de dólares y refinanciación futura.

En Wall Street saben que una cosa es ordenar parcialmente el frente fiscal y otra muy distinta resolver el problema de acumulación de dólares y refinanciación futura

Por eso volvió con fuerza una presión que circula entre bancos y operadores: que Argentina salga otra vez a tomar deuda. El argumento es que el Gobierno debería aprovechar la calma financiera actual para volver a emitir antes de que cambie el clima internacional o se complique el calendario electoral. La comparación regional empezó a incomodar.

En las últimas horas se viralizó entre operadores un comentario sobre Bolivia y Ecuador que recorrió los chats financieros. Bolivia, que no emite deuda en dólares desde 2022 y todavía carga una calificación CCC+, salió a sondear inversores para colocar un nuevo bono a cinco años. Según Bloomberg, la colocación tendría una tasa cercana al 9,75%, después de conversaciones iniciales en la zona del 9%.

  “Paren las rotativas. Bolivia vuelve a los mercados”, posteo el trader conocido en redes sociales como El Oso, que dejó la pregunta flotando hacia Luis Caputo: “¿Nosotros para cuándo?”. La frase circuló como un pequeño misil político. Bolivia intenta volver al mercado global después de evitar un default este mismo año.  

Ahí aparece el dato que más preocupa. El riesgo país argentino se mantiene en torno a los 515 puntos, mientras el promedio latinoamericano ronda los 255. Argentina prácticamente duplica la media regional. Incluso queda por encima de economías con crisis políticas severas o con perfiles crediticios más deteriorados. Ecuador aparece cerca de los 404 puntos y Bolivia alrededor de 362.

Daza, Werning y Bausili

Bolivia fue uno de los primeros países en caer en default durante la Gran Depresión, cuando el derrumbe del precio del estaño dejó al Estado sin dólares para afrontar pagos externos. Declaró el default de su deuda externa en 1931 y arrastró durante décadas problemas de refinanciación y renegociaciones permanentes. 

Más cerca en el tiempo, el país atravesó la crisis latinoamericana de deuda de los años 80 con hiperinflación, atraso cambiario y fuerte dependencia del FMI. Incluso hoy las calificadoras advierten sobre reservas internacionales en mínimos y vencimientos crecientes desde 2026. S&P rebajó recientemente la nota boliviana a CCC- y ya aparecen informes que hablan de un eventual proceso de reestructuración si no logra recuperar acceso fluido al financiamiento externo.

Ecuador, por su parte, tiene uno de los prontuarios de defaults más pesados de América Latina. Distintos relevamientos financieros contabilizan hasta diez defaults soberanos en su historia moderna. El más recordado ocurrió en 1999, cuando se convirtió en el primer país en incumplir pagos de los Brady Bonds creados tras la crisis latinoamericana de los 80. 

Después volvió a defaultear en 2008 bajo el gobierno de Rafael Correa, que calificó parte de la deuda como “ilegítima” y dejó de pagar bonos Global 2012 y 2030 por unos 3.200 millones de dólares. 

Ecuador recuperó al mercado internacional en 2014 y volvió a reestructurar deuda durante la pandemia de 2020. Aun así, los inversores internacionales siguen entrando y saliendo de sus bonos atraídos por tasas altas y ciclos de liquidez global, una dinámica que en la City observan con atención porque muestra hasta qué punto el mercado financiero puede convivir con países serialmente defaulteadores si encuentra rendimiento suficiente. 

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